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| (Dibujo por Eric Drooker) |
Yo, armado con una garrafa familiar de vaselina, concedía a Ferran que quizá sería aceptable eliminar del debate a las personas con intereses espúreos y digamos, sin base científica para analizar el asunto, pero hacía la precisión de que eso había que aplicarse a ambas orillas, si llamamos a estos grupos negacionistas y afirmacionistas, pues vale, eliminémoslos del debate... pero el resto debería estar perfectamente consentido. Juancho, con bastante razón, exponía que lo importante deberían ser los argumentos y no los antecedentes y adscripción de los participantes. En esa discusión, se entraba (conscientemente) en un estadio en el que se ponía negro sobre blanco que es imposible detectar a priori la adscripción de un participante en el debate, lo que debería haber terminado en que no se puede eliminar a nadie de ningún debate...
...Y hasta ahí llegó el debate, primero me censuraron a mí (Plazaeme estaba ya censurado a criterio de Ferran) y luego a Juancho (por polemista profesional) y a partir de ahí el debate se traslada a Plaza Moyua donde podéis ver toda la secuencia anteriormente expuesta, las réplicas no publicadas (censuradas) y las opiniones de otros lectores de Plaza Moyua, acostumbrados a las diferentes polémicas sobre el cambio climático que se han ido produciendo estos años. Este es un pequeño índice:
- Recopilación de entradas sobre Ferran: Expulsado por “profesional”, o la nueva edad media.
- Entrada/resumen de la polémica (actualizándose con las contestaciones a las respuestas censuradas): El cuento de Ferran P Vilar se acaba. Es cafre sin remedio.
- Respuestas en caliente (en los comentarios de la entrada) a la censura de Ferran: Ferran P. Vilar, pobre cobarde.
- Porque no tragamos con el calificativo de negacionista: Usar el término “negacionista”, es una canallada o una imbecilidad.
- El debate, la confrontación de ideas, el reconocimiento del adversario, la puesta a prueba de los argumentos del contrario a la vez que los propios, la humildad con respecto a las tesis propias, el reconocimiento de los errores sean propios o ajenos, la ausencia de falacias lógicas, la separación entre argumentos y argumentadores, y el no perder la vista el retrovisor histórico de lo que ha sido el debate; son factores fundamentales en cualquier discusión, y muy especialmente sí tiene un caracter científico.
- Estas condiciones no se suelen dar en la controversia del clima, y menos aún en la blogosfera hispana, o en este caso directamente la española. Y un blog como el de Ferran, en el que uno de los puntos de su política de comentarios dice que no se publicarán comentarios que, a su criterio, tengan "Sospecha de actitud negacionista del remitente, profesional o no, coordinada o no.", es paradigmático de lo que no debe ser un debate científico. Sí encima cuando dedica tres largas entradas para justificar su injustificable actitud, tan inanes como insustanciales, y entramos varias personas a criticar esa política, somos censurados a la primera de cambio con argumentos peregrinos (como el asesinato de niños socialistas, o que somos polemistas profesionales) sin una sola mención a los argumentos que se barajaron, que fueron unos cuantos, inmediatamente empiezan a sonar todas las alarmas, para cualquier lector mínimamente sensato, siempre que este fuera de la secta eco-progre.
- En mi opinión ellos saben que están perdiendo la batalla científica: el consenso ya no cuela, cada vez hay más artículos peer-reviewed que desmontan muchas de las tesis oficiales, el ruido en Internet es cada vez más informadamente crítico con el IPCC y sus gurús, y cada vez es más evidente que la climatología no ha demostrado todavía absolutamente nada y basan sus conclusiones en criterios ajenos al método científico: la propaganda, la censura, y las falacias lógicas, con una predilección por la falacia ad-hominem, según la cual se descalifica a todo el que se separe un milímetro de las tesis oficiales, o incluso no separándose de ellas, tenga la osadía de debatir con los escépticos (es el caso de Judit Curry y su excepcional Climate ETC, en el que se debate abiertamente y extensamente desde principios ontológicos del debate, hasta detalles en la misma frontera del estado del arte de la Climatología). Y con estos mimbres nunca se ha hecho Ciencia, ni siquiera los tribunales de la inquisición de Galileo pudieron con la Ciencia (Eppur si muove). Así que aquí paz y después gloria, la Ciencia siempre gana.
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| Galileo frente a la Santa Inquisición, un cuadro del siglo XIX de Joseph-Nicolas Robert-Fleury. |


