1.8.11

Porqué se debe debatir con los "afirmacionistas"

Está entrada es una recopilación de las impresiones recabadas de un debate que empezó pero no terminó. Se trata de un rifirrafe que se inicio en uno de los blogs genuflexos del IPCC en español, quizá el más paradigmático en la blogoesfera hispana (Usted no se lo cree) creado por un tal Ferran P. Vilar. Concretamente en el tercero de una serie (parte 1, parte 2) de artículos en el que pretende justificar con razonamientos espúreos, anti-científicos y sectarios, la censura discrecional que tan orgullosamente aplica en su blog.

(Dibujo por Eric Drooker)
Para no ser reiterativo, y evitar repetirme como los pepinillos, sí alguien esta interesado en los antecedentes que han generado esta entrada lo mejor es que se arme de paciencia y se leas las estultas entradas de Ferrán enlazadas anteriormente, y los comentarios que se produjeron especialmente en la mencionado tercera entrega, donde Eclectikus (el que suscribe), Plazaeme (viejo conocido de Ferran) y Juancho (nuevo en el debate pero con ideas similares a las de Plazaeme o las mías), intentan exponer sus posiciones en cuanto el maniqueísmo sectario de considerar negacionista a todo el que disiente, sin entrar a debatir en ningún momento los motivos del disentimiento, sino más bien las consideraciones epistemológicas y ontológicas. Es decir solo buscando que es mejor para el propio debate científico, y qué y cómo se pueden definir las diferentes corrientes que pueden coexistir en el debate aunque sea desde orillas diferentes, y qué facciones podrían ser eliminadas del debate sin que se perdiera rigor en la discusión.

Yo, armado con una garrafa familiar de vaselina, concedía a Ferran que quizá sería aceptable eliminar del debate a las personas con intereses espúreos y digamos, sin base científica para analizar el asunto, pero hacía la precisión de que eso había que aplicarse a ambas orillas, si llamamos a estos grupos negacionistas y afirmacionistas, pues vale, eliminémoslos del debate... pero el resto debería estar perfectamente consentido. Juancho, con bastante razón, exponía que lo importante deberían ser los argumentos y no los antecedentes y adscripción de los participantes. En esa discusión, se entraba (conscientemente) en un estadio en el que se ponía negro sobre blanco que es imposible detectar a priori la adscripción de un participante en el debate, lo que debería haber terminado en que no se puede eliminar a nadie de ningún debate...

...Y hasta ahí llegó el debate, primero me censuraron a mí (Plazaeme estaba ya censurado a criterio de Ferran) y luego a Juancho (por polemista profesional) y a partir de ahí el debate se traslada a Plaza Moyua donde podéis ver toda la secuencia anteriormente expuesta, las réplicas no publicadas (censuradas) y las opiniones de otros lectores de Plaza Moyua, acostumbrados a las diferentes polémicas sobre el cambio climático que se han ido produciendo estos años. Este es un pequeño índice:

Sí has tenido la paciencia llegar hasta aquí, lo menos que puedo hacer es, como decía al principio, recopilar mis impresiones sobre el tema, en frío, pasado el fragor inicial e intentando mantener la cabeza fría y el corazón en sus pulsaciones más saludables. Y esto es lo que yo considero más interesante destacar sobre este aspecto de las controversias del Cambio Climático:

  1. El debate, la confrontación de ideas, el reconocimiento del adversario, la puesta a prueba de los argumentos del contrario a la vez que los propios, la humildad con respecto a las tesis propias, el reconocimiento de los errores sean propios o ajenos, la ausencia de falacias lógicas, la separación entre argumentos y argumentadores, y el no perder la vista el retrovisor histórico de lo que ha sido el debate; son factores fundamentales en cualquier discusión, y muy especialmente sí tiene un caracter científico.
  2. Estas condiciones no se suelen dar en la controversia del clima, y menos aún en la blogosfera hispana, o en este caso directamente la española. Y un blog como el de Ferran, en el que uno de los puntos de su política de comentarios dice que no se publicarán comentarios que, a su criterio, tengan "Sospecha de actitud negacionista del remitente, profesional o no, coordinada o no.", es paradigmático de lo que no debe ser un debate científico. Sí encima cuando dedica tres largas entradas para justificar su injustificable actitud, tan inanes como insustanciales, y entramos varias personas a criticar esa política, somos censurados a la primera de cambio con argumentos peregrinos (como el asesinato de niños socialistas, o que somos polemistas profesionales) sin una sola mención a los argumentos que se barajaron, que fueron unos cuantos, inmediatamente empiezan a sonar todas las alarmas, para cualquier lector mínimamente sensato, siempre que este fuera de la secta eco-progre.
  3. En mi opinión ellos saben que están perdiendo la batalla científica: el consenso ya no cuela, cada vez hay más artículos peer-reviewed que desmontan muchas de las tesis oficiales, el ruido en Internet es cada vez más informadamente crítico con el IPCC y sus gurús, y cada vez es más evidente que la climatología no ha demostrado todavía absolutamente nada y basan sus conclusiones en criterios ajenos al método científico: la propaganda, la censura, y las falacias lógicas, con una predilección por la falacia ad-hominem, según la cual se descalifica a todo el que se separe un milímetro de las tesis oficiales, o incluso no separándose de ellas, tenga la osadía de debatir con los escépticos (es el caso de Judit Curry y su excepcional Climate ETC, en el que se debate abiertamente y extensamente desde principios ontológicos del debate, hasta detalles en la misma frontera del estado del arte de la Climatología). Y con estos mimbres nunca se ha hecho Ciencia, ni siquiera los tribunales de la inquisición de Galileo pudieron con la Ciencia (Eppur si muove). Así que aquí paz y después gloria, la Ciencia siempre gana.

Galileo frente a la Santa Inquisición, un cuadro del siglo XIX de Joseph-Nicolas Robert-Fleury.